“Último Amanecer: El Adiós Iluminado”

“Último Amanecer: El Adiós Iluminado”

En la penumbra suave de un cuarto que reposa,

un alma en su ocaso, como flor que se deshoja.

Entre sábanas de lino y susurros de consuelo,

se prepara para el viaje, el último vuelo.

 

Con ojos que han visto el girar de muchas lunas,

y labios que sonríen ante la despedida oportuna.

“Han llegado mis días”, declara con voz serena,

a su médico y enfermera, su paz les entrega.

 

No hay temor en su mirada, solo gratitud infinita,

por cada día vivido, por la jornada bendita.

“Gracias por escucharme”, sus palabras fluyen claras,

en el arte de curar, fueron guías y faros.

 

Recuerdos danzan libres, entre el alba y el crepúsculo,

historias compartidas, en el corazón un músculo.

La comunicación fue puente, en su lucha diaria,

brindando luz y esperanza, en la travesía solitaria.

 

En sus últimos momentos, la alegría es su estandarte,

porque sabe que la vida es solo una parte.

La enfermera le sostiene la mano, suavemente,

mientras el médico asiente, su vínculo es evidente.

 

“Hasta siempre”, murmura, con una sonrisa genuina,

sabiendo que su espíritu en el amor se anida.

Agradecido por el cuidado, por la escucha atenta,

en su adiós, una lección de vida nos presenta.

 

Que no es el fin del camino, sino un nuevo comenzar,

un recordatorio de que todo está en constante cambiar.

En su partida, una celebración de lo vivido,

y en la comunicación, un tesoro compartido.

 

Así se despide, no con lágrimas, sino con alegría,

porque comprende que cada alma su propia luz irradia.

Gracias al médico y enfermera, por su amor y dedicación,

en su final, encontró paz, y en su adiós, liberación.