ASÍ ES COMO SUCEDE

 

                Así es como dicen que sucede…

Primero un beso, después una noche de cine, una cena; y seis meses después te das cuenta de que hay un polizón en tu barco. Un escurridizo polizón, al que por otra parte no quieres perseguir, ni echar, sólo saber que está ahí, recorriendo por las noches de vigía cada centímetro de la cubierta de tu navío. Ordenando los bultos del bodegón cuando las olas golpean la popa demasiado fuerte. Izando y recogiendo las velas convenientemente para ayudarte a llegar a tu destino, para llevarte hasta él cuando la noche es nublada y los sextantes no angulan lo suficiente.

            Así es como dicen que sucede…

Primero un beso, después una mano y por último un abrazo. Es entonces cuando fundido en uno, piensas que, si el barco naufraga, no tendrás miedo al mar porque no estarás sólo, porque podrás compartir el madero hasta llegar a tierra; y lo mejor de todo, que ya no será una isla desierta.

            Así es como dicen que sucede…

Primero una cara que te suena, después una cruz a la que persigues y por último un cofre lleno de monedas para poder gastar día a día. Como buen marinero, sé que los mejores tesoros se guardan en lo más profundo de la bodega. Como esporádico corsario, sé que la pieza más valiosa del botín se lleva siempre consigo; noche, día, tarde, mañana… Meses, años, toda una vida…

            Así es como dicen que sucede…

Primero un mapa, después te ayudas de una brújula y el último paso lo da tu propia intuición. Es el más difícil de dar, pues sólo dependes de ti mismo, y en ocasiones, los Alisios pueden conducirte inexorablemente a la tormenta. Pero no debes tener miedo, pues también existen las tierras vírgenes donde poder anclar. Los lobos de mar más valerosos que he conocido siempre apostaron por buscar lo que existía detrás de la tormenta, pues para ellos, los verdaderos tesoros debían ser peleados, debían serles arrebatados a la mar. Y aunque la mar enfurecida ante tal desplante se defendiera a capa y espada, nunca dejarían su nave a la deriva. Claro es que nunca podrían cambiar la dirección del viento, pero encontrarían la manera de orientar las velas para llegar a su destino.

            Así es como dicen que sucede…

Primero el alba, después el meridiem y por último el ocaso. Los ciclos pasan y los buenos marineros saben aprender de cada momento. Saben que, del alba, la esperanza y la ilusión por lo nuevo. Del meridiem, el fervor y la pasión del sol en todo su apogeo. Y del ocaso, el romanticismo de los recuerdos vividos… Mas hasta el más inepto grumete que haya dado nuestra madre mar conoce una regla básica: “Si navegas opuesto al sol, los ciclos pasarán rápido; navega a favor del mismo y vivirás eternamente”.

Por eso es importante poner a punto el galeón, tratarlo con mimo, remendar los jirones de las velas, lijar los mástiles para evitar rasgaduras, desoxidar los cañones. De esta forma, cuando llegue el momento de luchar, las velas empujarán con fuerza, los mástiles no romperán las telas y los cañones acertarán cada blanco en el campo de batalla, haciendo de esta forma a tu nave eterna.

            Así es como dicen que sucede…

Y es extraño pues no poseo barco, ni velas, ni sé sobre cartografía, marina, brisas, estrellas, sextantes o galeones. Y aún así, te has convertido en ese polizón con el que viajo allá donde voy, en ese náufrago con el que quiero varar, en esa pieza clave del botín, en esa isla virgen que se encuentra detrás de la tormenta, en esa batalla que quiero librar para ser eterno…

Podría decirte que este manifiesto no es cierto, que sólo son letras que algún pirata preso de la locura de su soledad puso en una botella, podría decirte tantas cosas sobre el contenido de este manuscrito… Y sin embargo, sólo puedo decirte una: que así es como sucede.