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D. EMILIO LUQUE MORATA

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Publicado en COMCORDOBA 12/2003







Hacer una semblanza de los Presidentes del Colegio de Médicos de Córdoba no es tarea fácil cuando la distancia en el tiempo en que ocuparon dicho cargo, está por encima de nuestro saber, porque no los conocimos o porque la huella que dejaron fue anónima, mal recogida o difícil de acceder a sus posibles herederos, cuando no los identificamos.






Aunque existieron formas de colegiación médica e incluso tenemos noticias de las mismas desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, sólo a partir del 6 de diciembre de 1.917 (G.O. del 10) cuando se establecen los estatutos de los Colegios Médicos Obligatorios, es cuando podemos reconocernos.






En Córdoba no se instituye hasta marzo de 1.918 en que el Colegio Médico Oficial se transforma en Colegio Provincial Obligatorio, fecha en que al cesar la Junta Directiva anterior se constituye otra nueva cuya Presidencia recae en D. Emilio Luque Morata.



Pese a no haberlo conocido, su presencia se perpetúa en nuestra ciudad gracias al busto que por suscripción popular se levantó con ocasión del 25 aniversario de su muerte y cuya plaza, con su nombre, recuerda el lugar donde vivió. El sustituyó al cirujano de levita por el médico y cirujano de bata blanca. Se trata, por tanto, de uno de esos médicos de los que más se ha escrito, más huella ha dejado y del que uno de sus nietos (compañero mío) más información he recibido, Emilio: para ti, mi gratitud.






D. Emilio, como así era conocido por todos los cordobeses, había nacido en Córdoba el 2 de marzo de 1.876. Era su padre D. Pablo Luque Jurado, cordobés fabricante de estuches para joyería y su madre Dª María Morata Gómez, de Ubrique (Cádiz) relacionada con la manufactura de la piel.






Inicia su carrera en Granada y al llegar al tercer año traslada su expediente a Madrid donde concluye en 1.899. Durante estos años comparte la actividad universitaria y de residencia con su gran amigo D. Manuel Villegas Montesinos, algo mayor que él que ha abandonado el ejercicio profesional farmacéutico para dedicarse de lleno a la Medicina. Condiscípulo de ambos y amigo fue D. Miguel Royo Gonzálvez, quien posteriormente sería catedrático de Patología Quirúrgica y Decano de la Facultad de Medicina de Sevilla.






Sus maestros y siempre sus amigos fueron el profesor D. Federico Olóriz, Catedrático de Anatomía, Antropólogo Físico, criminalista y cirujano; el profesor D. José Ribera y Sanz, catedrático de Patología Quirúrgica y el Profesor D. Benito Hernando, catedrático de Terapéutica y Farmacología. Todos ellos de la Universidad de Madrid.



Concluidos los estudios académicos comienza en Córdoba su actividad profesional. Primero como Médico de la Beneficiencia Municipal, ejercicio que comparte con D. Ramón Alfaro y, aunque a cada uno le corresponde un distrito (el de la derecha o el de la izquierda) hicieron posible atender indistintamente uno y otro sin haber tenido roces en ninguna ocasión. Esta práctica le sirvió para conocer a las familiar más necesitadas de la ciudad en una labor de gran entrega vocacional. Sus interminable horas de asistencia le permitieron contactar con toda la población.






Contrae matrimonio con Dª Concepción Álvarez Fernández, hija de D. Eduardo Álvarez, que hab ía sido Alcalde de Córdoba. De este matrimonio nacieron sus dos hijas: Dª Concha, que se casaría con D. Enrique Luque Ruiz, y Dª María, que lo haría con D. Rafael Quintela.






En 1.903 ingresa como Médico de Guardia en el Hospital de Agudos y en 1.904 en la vacante de D. Vicente Orti, accede, por oposición a dicho hospital, comenzando su labor en el manicomio, hecho habitual al entrar en la Beneficiencia Provincial.



Es el renovador de la cirugía cordobesa y junto a su compañero y amigo D. Manuel Villegas y al Dr. Castellano, crean el primer establecimiento quirúrgico que existió en Córdoba.






Es el momento de abandonar la visita domiciliaria, cuando ya atendía al 60% de la población, para dedicarse de lleno a la cirugía, en especial a la Ginecología, su actividad preferida. Hasta entonces los únicos especialistas eran los oculistas. Por ello, desde entonces, el ginecólogo fue el oculista de la matriz.






En 1.918, fundó con D. Joaquín Altolaguirre Reja, el Sanatorio de la Purísima, que ha sido la institución particular cordobesa de más larga trayectoria quirúrgica.






En 1.910 y 1.911, se crea en Córdoba la Academia Médico-Quirúrgica, de la que D. Emilio fue su Presidente. Al crearse, en 1.921 la Academia de Ciencias Médicas de Córdoba, es uno de sus fundadores, miembro numerario y vicepresidente de la misma. La Academia de Ciencias Médicas que gozó de gran prestigio no sólo en nuestra provincia, sino que rebasó los límites nacionales, llegó a tener vida hasta pasada la mitad de la década de los sesenta, para acabar desapareciendo por lisis. Hoy es una institución que se hecha de menos. El Dr. Luque fue el Redactor Jefe de su Revista 'Anales de la Academia de Ciencias Médicas'.






El 17 de Enero de 1.916 accede al grado de Doctor, defendiendo en Madrid su Memoria titulada 'Moises Ben Maimón (Maimónides): estudio biográfico-crítico' calificada con sobresaliente. Dicho estudio fue publicado dos años después en Córdoba por la Imprenta 'El Defensor'.






En mayo de 1.923 ingresa como numerario en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles artes, de Córdoba, con un interesante trabajo titulado 'Consideraciones sobre Medicina Social' que fue contestado con otra interesante aportación del Dr. D. Manuel Ruiz Maya. Casi 50 años antes de que apareciera el concepto de Pediatría Social, D. Emilio se había adelantado para establecer la importancia de la educación y de la legislación, en materias sanaitarias de defensa de la familia y de los hijos. Era necesario que conociera el Tratado de Pediatría de Pfaundler y Schlossmann en la versión española que dirigiera el Profesor Martínez Vargas y colaboradores o fueron las charlas en el hospital con D. Joaquín Gómez Aguado o con D.Manuel Ruiz Maya sobre la 'Gota de leche'. Destacando sobre todo su afán inquisitivo de saber.






Cuando se constituye el Colegio de Médicos, como entidad oficial del Estado, en marzo de 1.918, nuestro biografiado fue su primer Presidente. Corta etapa que duró hasta mediados de 1.919, por decisión que hubo que adoptar voluntariamente acuciado por el excesivo trabajo profesional.






En 1.920 fue nombrado Decano del Cuerpo Médico de la Beneficiencia Provincial y catalogado como Médico de Término de dicha Institución en 1.926.






Desde junio de 1.921 hasta agosto de 1.928 fue Director Científico de la Revista 'Ideal Médico' que en esta según da época lleva el subtítulo de 'Anales del Cuerpo Médico de la Beneficencia Provincial'. Antes y después de este período fue su director D. Manuel Ruiz Maya, fundador de la misma.






El 4 de Agosto de 1.930 fue designado Hijo Predilecto de Córdoba, siendo su Alcalde D. Rafael Giménez Ruiz. También el Ayuntamiento dio su nombre a una institución benéfica establecida en las proximidades del Alcázar Viejo.






Perteneció de forma activa a la Acción Católica, a la que dedicaba gran parte de su escaso tiempo de ocio, en los últimos años de su vida.






Fue colaborador asiduo de las revistas médicas cordobesas: Ideal Médico, Boletín del Colegio Oficial de Médicos y Anales de la Academia de Ciencias Médicas.






A comienzos de 1.920 el Colegio Provincial de Médicos creó el premio que llevaba su nombre, para pagar anualmente un título académico al hijo de un médico de la provincia.






Era amante de los libros y de las flores, de la astronomía, de la psicología, amigo de la comunicación, entusiasta del saber y de la sabiduría popular propietario de la Huerta del Naranjo.






Falleció el 15 de febrero de 1.939, a punto de cumplir los 63 años, cuando mantenía íntegro su prestigio, después de una jornada laboral completa en el quirófano y la consulta. Había creado una escuela prestigiosa de médicos.






D. José María Rey Díaz, Cronista de la ciudad, lo recordaba como hombre símbolo de inclinación a la ciencia, bondadoso y comprensivo, cordobés cristiano y caballero. Había sido el experto médico de brillante ejecutoria profesional.






Para concluir, considero que sirvan para D. Emilio las mismas palabras que él pronunció en su defensa de Maimónides: 'si prescindimos de su saber y atendiéramos para juzgarlo a las ocupaciones constantes de su vida, al ejercicio de su humanitaria profesión, tendríamos por necesidad que asignarle un alto puesto y la mayor significación en la Historia de la Medicina' y a las que yo añado: a la Historia de la Medicina Cordobesa.



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